Saturday, February 11, 2006

con toda condescendencia, entonces, Maestro...


Este mundo sigue siendo tan fantástico... por un lado, un viejo de heroicos noventa y cuatro años, que ahora estará en alguna cama durmiendo y soñando, vaya a saber uno qué monstruo o personaje o recuerdo o rostro taciturno; y por este lado yo, un insignificante pibe que no llega a los veinte, en el mismo momento leyendo lo que ese viejo escribió en alguna época que el despiadado tiempo pulverizó. Atravesando la llanura y la noche en un desolado vagón, escruto con mi lectura lo que un simple hombre desde otra esfera de tiempo gritó, ese mismo reputado escritor que hoy cuenta casi un siglo de vida y que en sus longevas cavilaciones acariciará sus vivencias siempre con la mirada vana, brillosa y perdida (tal como lo haría el anacrónico abuelo de los Vidal Olmos, en su eterno Barracas), sin hacerse una idea de que en este momento un pibe, abrumado de noche y campo, escucha lo que él sintió y pensó hace más de tres décadas. Inconcebiblemente sus pensamientos le llegan, lo perturban, le pueblan el estómago con esa cosquilla que sólo una buena literatura cada tanto genera, y tal vez un amor.

Y pensar que de una andrajosa feria frente al Luna Park rescaté el testimonio del ahora casi centenario espíritu, esas mismas calles que en su imaginación fueron el hábitat de las obsesiones de Fernando y sus persecusiones a Los Ciegos. ¿Y cómo no pensar en Bruno, cada vez que nos convertimos en uno de esos hombrecitos que, desolados y urbanos, salen a escudriñar la devastación de la raza? Y la vertiginosa belleza femenina que, inequívoca, traerá reminiscencias de la inasible María Iribarne. Ella, símbolo de la mujer esquiva, del paraíso erróneo, de un Edén forzado al límite de lo sanguinario. ¿Qué corazón que se jacte de latir habrá salido ileso del insondable territorio-Alejandra, de su penumbra y su ocaso y su aquel rutinario café de negrísimo ardor?

Qué manera de entender nuestra realidad. O quizá de no entenderla, y por eso mismo el asombroso aporte de su comprometido genio para aprehender un mundo que siempre lo atosigó. Y por realidad entiéndase nuestras pasiones más genuinas, y por eso inefables. Nuestros sueños, esas visiones que atisban alguna verdad pero que nos dejan siempre a mitad de camino, varados en la confusión y el desencanto de la cotidiana vigilia, distantes de la meta pero ya lo suficientemente desquiciados como para volver sanos y salvos. Bucear lo irracional, en definitiva; aquello que, según sus palabras, quisimos echar por la puerta pero luego se nos coló por la ventana.

Concibió a la literatura como esa forma de acceder a tales pantanos, huyendo del acotado y pulcro terreno científico. Se sacó el blanco delantal y se prostituyó, para bien de su atribulado espíritu y el de tantos otros. Coqueteó con el suicidio pero nunca se entregó; encontró en el arte ese bastón al que la humanidad suele aferrarse cuando, estertorosa, parece sucumbir. El arte como salvación, como irónico oasis que sabe distinguirse de la desértica hipocresía, originalidad "que pone en manifiesto la mediocridad de los demás".

Todo eso es un solo hombre, ese mismo que por un lado - el de la vejez - dormirá con cansado desdén y no sospechará su tremenda vigencia. Pero que de este lado del tiempo sigue siendo escuchado, no tenga dudas, Sabato.

Hablemos de todo un poco. Quiero decir: de esos problemáticos dioses
de los evidentes gusanos de los cambiantes rostros de los hombres. No sé gran
cosa de estos curiosos problemas pero lo que sé lo sé de verdad pues son
experiencias mías y no historias leídas en los libros y puedo hablar del amor o
del miedo como un santo de sus éxtasis o un mago de teatro (en una reunión
casera, entre gente de confianza) de sus trucos. No esperen otra cosa no me
critiquen luego, no sean perversos, caramba. Ni mezquinos. Les advierto: sean
más modestos pues también ustedes están destinados (tralalá, tralalá, tralalá) a
alimentar a los gusanos antes mencionados. De modo que, con excepción de los
locos y de los invisibles dioses (tal vez inexistentes) todos los demás harán
bien en escucharme si no con respeto por lo menos con condescendencia.

2 Comments:

At 9:27 AM, Blogger rep-t said...

muy bueno che!
Como dije, no he tenido -aun- el placer de leer tanto de este hombre, pero no faltara oportunidad. Más porque revolviendo la antigua biblioteca de mi madre he encontrado una interesante copia de Sobre héroes y tumbas que ya esta en la pilita de libros junto a la cama, próxima a ser devorada.
Es fantástico como uno puede meterse tanto en lo que viejito simpático alguna vez te escribió. Viste, por eso mejor escribir, tu entera imaginación nisiquiera puede tener un próximo acercamiento con el ser alguna vez leerá lo que tu le escribes. Es casi frustrante y casi mágico, y totalmente perfecto.

 
At 10:23 PM, Blogger axolotl said...

ahora que releo, me da mucho asco cómo estoy escribiendo, demasiada exquisitez en las palabras.

a los que lleguen a este recóndito e inhóspito cuasi lunar sitio web, los invito a leer lo que está escrito por Sabato, eso es lo que vale

 

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