Sunday, April 30, 2006

que decís ¡pido! y te salís del juego...

¿por qué más bien el ser y no la nada? esto no es para tomarlo a la chacota, acá me pongo la pilcha reflexiva y se acabó el jugueteo.

¿cómo explicarme saliendo a dar una vuelta con aires de joda pero volviendo de golpe, inextricablemente, con un ímpetu que no puedo domesticar? ya van varias veces que me pasa, eso de sentirme inspirado (oh, qué engreído, digamos "inquieto", módicamente perturbado), la ciudad me juega de cómplice y claro que la noche suma y no resta.

entonces vuelvo a casa y repito: ¿por qué más bien el ser y no la nada? ¡desatame el nudo, má! no soy original, hubo miles que durante siglos preguntaron lo mismo.

¿tiene sentido preguntar por el sentido? ¡ay, es que hay tantos enigmas! por ejemplo ahora no sé por qué siento que no puedo hacer un texto convencional, en el sentido de organizar párrafos y tras cada punto y seguido empezar con mayúscula... siento que corto un hilo, me meto donde no me incumbe, impongo la forma en detrimento del difuso pero genuino impulso (inquietud habíamos dicho) que me trajo de los pelos a esta silla poco canchera.
y todavía no empecé, puta. ¿punto y seguido? enter

caminaba y miraba la imponente catedral, sus muros y vitraeux... ¿por qué la religión y no más bien un pastar absurdo de oveja pero sin pastor?

ahhhhh seres humanos, esos imprudentes bicharracos que de un día para el otro se armaron semejante fiesta, expeditos y vanidosos... ¿entenderán que no hay tal rumbo, tal epopeya? lejos de ser escéptico me reconozco y te reconozco a vos, en tu perpleja temporalidad... si hay esta angustia y esta verborragia es porque existo y doy fe de eso, como aquel filósofo me aferro a ese vislumbre aterradoramente fatal: porque existir es tener noción de eso, es pasar con pena y con gloria al considerarse estancados, holgados prisioneros de un universo.

¿y luego qué? ¿enamorarse, cantarle a un ideal, trabajar de solasol, colorear de utopías el andar? ¿o cagarse en todo y pactar con el diablo? porque el diablo a mí se me hace que es ese ente que nos corroe y nos engatuza con el peor de los males: la indiferencia; pero la realidad es que nada tiene sentido y si algo lo tiene es precisamente la angustia que es hija del sinsentido: qué circularidad auspiciosa, boludote!

por momentos, antes de ponerme a sufrir, me da risa lo intrépidos que somos, la de ficciones que nos hemos procurado con tal de ser algo en vez de nada; y claro que no me refiero al quijote o a ulises cuando digo ficción, ya que eso es, en todo caso, la reacción contra esa ficción, es decir la literatura, entendida como la maravillosa denuncia de una realidad molesta.

ficción de crear tanta costumbre, moral, ley... ah claro, os aclamais la anarquía, el libertinaje más transgresor y la lisa y llana conexión con la madre natura pero noooooooo.

para nada, amigo de esta travesía, no me supongo tan bestia: si asumo nuestro rol en el cosmos, que es la búsqueda, jamás la armoniosa inconciencia
y recién ahí se entienden las religiones y la gramática y las Formas y el mono que se para en dos patas y las guerras y las paces y las cosntituciones y las revoluciones y la poesía y la estética

qué bello todo, maniático y purista cofrade, pero ahora qué me decís de tanta barbarie, ¿del cinismo y la hipocresía? (nuestro fabuloso héroe se altera, luego posa su mejor semblante gatuno, inspecciona y contrarresta) : pero qué decís soquete si ya te remarqué las guerras, sin cuya concepción jamás anhelaríamos la paz, paroxismo de la utopía fútil... si somos buenos es porque somos malos, no hay verdad sin falsedad viejo, relativizar de cuando en vez no viene de más

fiel a mi terquedad vuelvo a la cosa del pretendido es que se impone al no es... esto es como cuando sos chiquito, viste? que decís "¡pido!" y te salís del juego...bueno, ese lujo me doy, mundo pará las rotativas y escuchame o por lo menos dejame decir, sería bonito ponerme a conjeturar sobre toda esa infame lista que compiló nuestra Historia, pero ¿sobre qué base? es decir, ¿en qué me fundamento para reírme de napoleón bonaparte o nazarena velez o perón si cuando lo que tambalea no es la cúpula, sino el cimiento? y bienvenido sea porque la destrucción es un alivio, sentís que todo da lo mismo cuando ya no hay jarrón que sostener con prontitud.

quizás tenga la cuerda y la flecha pero ande falto de arco
¿y te preocupás por el precio de la carne o el kilito que tenés de más si basta solamente un ascenso asítan vertiginoso para ver el insulso panorama? no vamos bien si seguimos perorando sobre la misma farsa, si de nuestras bocas no salen más que oquedades y parafernalias.

aquí está mi convicción, mis ganas de no dejarme llevar.

de todos modos voy a morir y eso es ¡tan cierto! ¿cómo no recordarlo más seguido? acá es como leí de ernesto sabato que leyó de algún otro desgraciado: si estamos tan despiertos cuando vamos desde la cárcel al patíbulo, en caso de ser enjuiciados a morir, ¿por qué es que dormimos tanto hasta llegar a la sepultura? ¡arriba humanos, que se hace tarde!

podrán sugerir que esta perplejidad es en vano: cierto, ¿pero qué cosa no lo es? además de los ademaces: contéstenme por qué algo en vez de nada y entonces yo apunto, como el más servil de los discípulos... se pueden descartar y con razón estas líneas, de hecho considero un milagro que se haya llegado a esta altura de mi relato cuando hay tanta ocurrencia magnífica y tanto más acreditada por leerse (corro con ventaja aquí, ya que si alguien llega notará ocurrente esto que digo; pero me animo y desafío porque en caso contrario pasaré desapercibido, cosa de lo más natural si aceptamos que al mundo uno le da lo mismo, cuento con la impunidad de ser invisible, es decir no pensado pero pasible de serlo ¡ah no confundir con lo incognoscible, que me hallo en cualquier rincón de planeta y siempre!)...entonces decía que podés prescindir de esto que es el efecto, pero no de la causa que es la búsqueda de algo.

aquel que a ella resigne no es más que un tipo intrascendente
aquel que a ella no resigne no es más que un tipo intrascendente

ay alejandro ¿y a qué se debe tanta cháchara, tonces? ¿no será porque existo, aunque ínfimo e inane? ahora releeré y mi estilística costumbre corregirá algún que otro inaceptable desliz, pero juro no incurrir en sacrilegio: lo pensado es innegable y sacro, por más que la inquietud ceda y al rato ose rezar lo más campante en esa catedral que ratos antes me desquició, me develó la irresoluta picazón en la boca del estómago de la Humanidad que se obstina en emplazar algún mojón o reseña, para justificarse a sí misma.

ah mojón, será pues todo esto uno más; será un bollito más para el abultado tacho; esas dudas como dardos que surcan el abismo, eternamente suspendidas y sin razón de ser. La nada, mayúscula y punto final.

Saturday, April 22, 2006

De la imprescindencia de la necedad (o de su graaan vinculación con la inteligencia)

Podríamos decir sutil en lugar de gran, ahora que lo medito, si no queremos sonar tan descabellados. Hay dos tesis que propongo y me impongo sostener acá: a) que sin necedad no se vive; b) que siendo necios estamos siendo inteligentes.

Se me ocurren unas cuantas citas o referencias pero no me demoro en eso: voy al punto genuino, que siempre es ser entendidos - idea felizmente comunicada de por medio - y nunca ostentar erudición por ese nunca correspondido amor a la vanidad. Veamos, en el diccionario las nociones de necio e inteligente son ambivalentes, por lo que ya desde el vamos cuento con el sentido común contra mí, es decir, nado contra la corriente. Me acuerdo de ese refrán que sentencia: "corrige al necio y te odiará; corrige al sabio y te amará". Necio como sinónimo de estúpido y terco; la sabiduría como atributo indispensable para aprender y crecer y amar. Según el mataburros, encima, sería necio aquel que carece de inteligencia, discreción y sentido de la oportunidad. Pero nótese la segunda acepción que encuentro, en la que deposito toda mi esperanza filosófica: "se aplica a las cosas ejecutadas con ignorancia, imprudencia o presunción"... un nuevo antónimo de inteligencia, me dirán, pero no según como yo la entiendo...

Desde la primaria que el tipo inteligente es aquel que razona. ¿No será desde el Renacimiento o aún desde Sócrates, che? me dirá algún militante antiracionalista que desde una barricada de romanticismo discutirá la preeminencia de la lógica y el raciocinio por encima del instinto. Pero es así: no asociamos la idea de inteligencia a la de felicidad. Le decimos "qué inteligente" al aplicado niño que cierra su año con nueve coma sesenta y seis periódico de promedio, pero no lo hacemos con ese que nos cuenta, eufórico, qué buena que estuvo la noche de anoche. (Pero basta de digresión y vuelvo neciamente a mi punto que es re sencillo). Para mí que la inteligencia está más ligada a la solución que al problema; más cerca de un pragmatismo que de una contemplación abúlica y abismal de todaslascosas. Creo que tal concepción la saqué del mismo Borges (oh borges, vaya tipo metafísico y poco canchero), ese poeta de la erudición, ese obstinado profeta de la sesibilidad intelectual. Más allá de la cuestión problemática (es que puede sonarles hasta trivial la clásica distinción nudo-desatanudo de la bicéfala intelección), hay un argumento más radical: cuanto más pensás menos sos y viceversa. Perdóneseme pero acá me urge citar: no es "pienso luego existo": es actúo luego existo. El sonso de descartes hablaba de la duda como prueba de la existencia. ¡¡DUDA!! Como si fuera tan plácido andar por la vida dudando de todo. ¡Viva norteamérica, ese bochornoso paraíso de la practicidad! Bueno, tampoco la pavada.

Les pongo un ejemplo bien simpático. ¿Cuántas veces hemos dudado si tirarnos o no a la pile, por temor a que el agua esté congelada? Metemos el piecito y lo sacamos, no nos zambullimos por temor a. Lo que se sigue de eso es que cuanto más razonamos acerca de la presunta temperatura del agua y sus presumibles consecuencias en nuestra angelical sensibilidad corpórea, más nos demoramos en el chapuzón final, que trágicamente es in-e-vi-ta-ble, a la corta o a la larga. ¡Cuan inteligentes aquellos que toman conciencia de tales factores! Por ventura siempre habrá algún necio que tome carrera y se meta de una, salpicando a los otros, los sabios, con su estrepitoso bombazo.

Bueno pero basta de jugueteo: para vivir nos hace falta ser necios. Desensuciarnos de prudencia y tomar el toro por las hastas. Y para eso fíjense si no hay siempre algo de necedad o capricho en las cosas más gloriosas: un invento científico, una revolución, una relación sexual. Necedad haría las veces de locura en este caso. Si el ser humano, por un instante al menos, no se despoja de toda esa tara epistémica y metodológica que lo inclina a la sabia contemplación de los hechos, entonces no podrá acometer nunca esas-sus más loables proezas y satisfacciones. Esto es muy básico señores: el que no arriesga no gana / persevera y triunfarás / o aquel "yo me juego entero, qué le voy a hacer" gardeliano.

Y acá es cuando entra en juego mi concepto de inteligencia. ¡Qué inevitable se nos hace la necedad cuando queremos lograr algo! Si después (en el canoso epílogo de nuestro andar) las cosas fundamentales terminan siendo dos o tres, ¿por qué reparar en insignificancias, tales como la opinión de los demás, una lluvia torrencial, un acotado presupuesto económico, la severa reprimenda de un Dios? ¡Este ensayo es un gran lugar común, de eso ni hablar! Si hace quinientos años se escribía Elogio de la locura con ansias similares. "La necedad de vivir sin tener precio", Silvio Rodriguez dixit. Y las referencias me vienen atolondradas, podría estar días hablando sobre otros que también entendieron la perentoriedad del tratamiento de este asuntillo.

¿Qué hay si nos equivocamos? ¿Acaso nacimos infalibles? La necedad reina en todos los placeres de nuestra terrenal vida, que es de la única que tenemos constancia. Yo por ejemplo ahora he pecado de necio: estaba por ponerme a estudiar, pero esta Causa fue más fuerte que yo y aquí me hallo, al pie del cañón. Reitero: en la evaluación de costos y beneficios no está la dicha, que me disculpen los gurúes de la economía de mercado. Vuelvo a la segunda acepción de necio que la real academia etiqueta: "con ignorancia, imprudencia o presunción". ¿Acaso este tal Platón, "ignorando" su socrática ignorancia - aquel soslayado saber del no saber -, no fue un poquitín "imprudente" al supeditar nuestro espíritu a la "presunta" Idea del Bien? Mierda que en los genios hay necedad y en generosas entregas. Y para no prestarme a ambiguedades, ya que la filosofía siempre ha oscilado entre las dos nociones de inteligencia expuestas, les nombro a Maradona, que para gambetearse medio equipo inglés tuvo que creer, de alguna forma, en esa lunática estupidez de querer hacer un gol corriendo desde mitad de cancha, sin atender al saludable manual que le hubiese aconsejado "diego, tocásela a valdano, que este es un deporte que se juega en equipo". Y no que Maradona me caiga muy simpático eh. Pero imaginemos un mundo atiborrado de sabios y sesudos analistas de la madre natura: los notaríamos cabizbajos, con esa mueca de desdén de quien se ufana de ser testigo de su realidad. Acabarían en un suicidio masivo, tristes porque esa dorada entelequia - esa porquería, en la única que hubieran podido vivir satisfechos - nunca fue, nunca fue dada a luz. (Menos que menos por ellos).

El ser humano tiene poco y nada de estoico. (O de divinidad). Caeríamos en un trillado pecado si las nuevas generaciones siguiesen fetichizando la corrección, la prolijidad, la "discreción", el criterio, las verdades absolutas, la tierra prometida y cuanta soberbia fabricación mental se les ocurra. Porque si algo nos distingue de los animales es la soberbia (léase razón). Soberbia que no nos deja ver con claridad que nosotros, como nuestros cofrades los monos y las moscas, somos seres mortales, que a la temprana o a la larga se irán, intrascendentes, a tocar el arpa con (o sin) sus correspondientes antepasados. Y ya será muy tarde para todo.

Friday, April 07, 2006

¡Pensá que cagan, Manuel!

¡Pensá que cagan, Manuel! No seas tan displicente al mirar, buceá y hundite en el fango que en el fondo (y te recalco este adverbio eh) en el fondo es más reconfortante. Imaginátelos miserables, con una diarrea despiadada y ciclónica, bien escatológicos en sus cuadrículas inconexas. Sí Manuel, vos que los veías tan ufanos en el secundario, a ellos tan líderes y a ellas tan noventasesentanoventa, notá cómo el paso del tiempo los pasó y barrió el glamour, los dejó descalzos e indigentes y chapoteando en ese pantano turbio que es la adultez imprevista. No reprimas ni recortes tu análisis, Manuel, dejate ir hacia lo más sórdido que hay en lo ajeno y de una vez por todas, ¡no sos el único zaparrastroso! Claro que son perspicaces y derrrepente te montan una farsa que te la regalo, Manuel, artilugio para el que tus manos no funcarán jamás. Pero manejás otra claridad y otra distinción, serías la envidia de descartes; nada pomposos tus atributos pero bien de fierro; parodian al sesudo francés como un obrero que, colgado al estribo anónimo, solapadamente paladea su existencia a lo hamlet mientras vuelve a casa, pero sin esa misma gloria y catequismo. Vos te reís de ese flujo que atenaza la corriente.

¡Es sencillo! ¿Ves a ese pibe cuyo meticuloso cabello pasea, muy hidalgo y gallardo? El pelotudo no andará tan pintoresco las veinticuatro horas. Fijate nomás que es mujeriego y se masturba, créase o no. Muy resueltamente desdeña el casanova ese séquito de polleras que lo atosiga, pero justo ésa que lo parte en dos lo gambetea; y al doncel que la vida se le va como una de esas quimeras inaprensibles. Notá que saco ejemplos al azar, lo mismo se ajustaría a cualquier mersón que se ocupa un tanto en su pinta y después sácate, se queda en bolas y la piel nunca es de marca.

¡Reíte del absoluto, vos, que sos capaz! ab-so-lu-to, ya la fonética le da un sabor a cachivache, posá tu voz en el luuuto, qué aparatoso retumba y con qué impunidad. Y ni que decir de su acepción fúnebre. Porque también se pasean esos ridículos que creen que la totalidad se predica de cualquier ente bañado en brillantina: un cheque o ideología o guitarra o posgrado en jarvar. ¡Ilusos, veteranos del Rompecabezas Inconcluso!

Igual sabés qué, hacés bien en no juzgar y permanecer cabizbajo, Manolete. Todos, empezando por vos, tienen un excremento que tapar con el felpudo o la mano, si es que no hay que hacer uso de las dos y después del antebrazo y el pecho y la jeta y así hasta ocupar todo el cuerpo en el estéril disimulo de lo inmundo. Pero qué alegórico estoy siendo, compadre, vayamos a lo simple y sensible, con perdón del malabarista platón (deliberadamente no te tipeo mayúsculas para los nombres propios, comprenderás que acá se trata no de enaltecer sino de nivelar, y cuanto más para abajo mejor. Salvo cuando te, ay, pero vos ya te habrás sonreído al notar eso). A ver, escuchalo al señor aquel, con cuánta propiedad parlotea, si vieras (imaginaras) cómo faja al pibe cuando le viene con aplazos; además te petrificarías al saber que para él el amor es un cosquilleo fosilizado y amarillo que le trae resabios de sus antológicos quince años. ¡Y esa mujer, tan situada en su blusa y cartera y clase media! Morirá sin conocer la torre eiffel; ésa y no otra cosa sería lo que, en las copetudas asambleas de café de antaño, llamarían su sentido de la vida, ¡como si la vida fuera a alguna parte, como si no fuera más veleta que cometa! (Pero vos estarás más curtido de todo esto, vos que atestiguás en pro del absurdo) La cosa es que no, ella no ha usado su vida sino que su vida la ha usado y ¡manoseado, caramba! Te viola la realidad, Manuel, haceme caso cuando te exhorto a no ser parco y a zambullirte en lo más putrefacto.

Escudriñá: detrás de las minifaldas hay abortos, bajo los trajes pululan el estrés y el colesterol. Pero claro, entendés eso ahora que rompiste el cascarón, ¿qué podías saber de la mierda común cuando aún eras ese gordito que tenían de punto? Maldecías al estoico rubio que te verdugueaba, pero ése ahora andará más perdido que nietzsche en una marcha peronista, flotando entre drogas o putas o analgésicos o películas porno. De nadie será el reino, Manuel, hemos perdido nosotros un edén a quien jamás se le dio por existir.

Sé que no acribillo ingenuidad alguna en vos, sino que vos mismo, a lo bumerang, dinamitás mis precarias columnas, desmoronás mis muros de arena seca al hundirme yo en esta diatriba cósmica que, no soy sonso, tiene como fin último mi relectura y comprensión, jamás tu agiornamiento. Serías mi maestro, Manuel, vos sólo podés concebir ese dulcísimo mundo patas para arriba, donde los carruajes van conducidos por caballos y son empujados por hombres o mujeres en su defecto. No faltarán los que condenen tu insensibilidad, esos que no podrán entender que un casamiento y sus arroces no es la mayor gloria. ¡Insensibilidad, escribí! Patrañas, si vos y sólo vos sentís este Absurdo... los no videntes son los otros, los que perpetúan el drama con pretendida devoción.

Me comentaste una vez tu ideita acerca de la literatura, allá por tus adolescentes diecisiete: que era una forma más bella y diferente de decir algo. La Mefáfora, bah. ¡Cómo aprendiste ahora a burlarte de tales harapos! ¡Qué hipocresía en el que palabrea y se exhibe, qué al pedo viven los frívolos y los sobre expuestos ahora que aprehendiste la verdadera sinrazón de todo y vivís muy ocupado mofándote de cuanta careta escrutás! (o eso creo, no espero menos de ti). ¡No veas lo barroco solamente en las iglesias, notalo en toda sofisticación, en todo time table autosuficiente, en cualquier expresión repoco austera! De última ellos son los que se pierden este frenesí de vientos alisios y frescura, de concupiscente devenir que nunca es fotografiado. Pero tampoco estamos para la filosofía, que te parecerá, presumo, algo así como chusmear el plano del universo y después decir que es invento de uno. Empecé a escribir queriendo avivarte, Manuel, tomando nota de mis recientes descubrimientos, pero vos ya te habrás tomado el laburo de vulnerar todo, hasta tu-esa finitud y su melancólica contingencia, ¿o no? ¿o acaso ya no campearás redimido y feliz? Oh no, "felicidad", vaya absoluto. Vos no serás de esos, porque por supuesto que hay lugar bien calentito para la miseria en tu austera morada. Desdichado Manuel, ya no hay Cielo que te encienda.

Te lo finiquito: vos asegurás, yo no, que ya no hay forma de aliviar la culpa. Pero pasa que yo me obstino en esa forma que más que manera es escape, y así te absorbo o quizá te deje bien aislado. Yo sí creo; hay veces que no me quedo afuera y me sonrojo y siento terremotos pero igual de caradura nomás me agrego, me inmiscuyo. Cuento tu desgracia pero no la reivindico ni la asumo, Manolete. La describo che, sólo para que deje de estar acá adentro.