Sunday, November 26, 2006

que se vaya

La angustia es una cosa excepcionalmente horrenda. De una estirpe unívoca y gris, bien sui generis. Es una cosa viscosa y compacta que dista mucho de la nobleza del llanto, por ejemplo. En el llorar, por lo menos, hay un desahogo. Por ende una expresión, como quien dice un arte. Y es ese misteriso despligue de emoción lo que emparenta al llanto con la otra gran nobleza, su antítesis y complemento a la vez: la risa. En aquello más íntimo y sustancial, los opuestos siempre son lo mismo. Sin embargo, la fatídica angustia lo retiene todo, nada escapa a esta bola asquerosa. Pero uno diría, para consolarse, que así como las alegrías son casi siempre infundadas, otro tanto pasaría con la angustia. Porque la alegría es efímera y además consecuencia absurda de un orden de vida que siempre es más o menos miserable y que para nada justifica una sensación tan paradisíaca y descolgada. ¿Y por qué la angustia no podría nacer de un desacople afín? Además, las alegrías no pasan de un puñado de instantes, son esporádicas... al rato se esfuman; otro tanto debería de pasar con su par antagónico y paralelo, ¡la angustia! Esta hábil reflexión podría calmar algo al angustiado (léase a mí), pero no obstante la pútrida sustancia vuelve, terca, a sentirse al rato, y qué hacer.

La angustia podría describirse como un desgarro; algunos quizás lo sientan a la altura del esófago (mi caso), otros ya lo detectarán surcando la garganta o lo postergarán para el estómago. ¡Vuelvo a insistir en esa parca inexpresividad que le noto! Otros estados - como el placer, la euforia, e incluso la tristeza y la melancolía - me llevan más a un éxtasis, a algún páramo de recursos poéticos que me redimen y catalizan el momento. Esta basura no, esta basura genera en mí textos grotescos y enanos como éste. La parte espiritual y pincelada te la debo. Desperdicia el momento, es la polución que inutiliza tardes y noches de potencial tanto mayor. Uno se queda desparramado en un sillón, una computadora, una plaza o un tren: se piensa (pero es un pensamiento de camello), se maldice, se suspira, se percibe y padece la inmiscuida bola que fagocita por dentro.

Es por eso que no veo nobleza en la angustia. Uno quisiera que por lo menos se tire a llanto, puesto que ya ha olvidado de reír y creer, pero precisamente esa es su principal índole: la de no mezclarse con la expresión. Algo como un cielo tupido de nubes negras que no se deciden a hacer tormenta, pero tampoco a escampar. El alma (ay, se disculpará la grandilocuencia y la cursilería: la situación, como dije, es grotesca) queda maniatada: conciente pero torpe.

Una vez pensé que la esperanza podía ser como un mosquito o en el mejor de los casos una oruga, pero de mierda. Mosquito porque es tonto y debe ser ejecutado ni bien advertido. Y oruga, claro, como pronóstico de mariposa... pero de mierda, porque siempre se malogra, viene fallada. Bueno, siguiendo con el bestiario, veo a la angustia como un parásito. Mal que mal, en el caso de la esperanza hay una cierta simbiosis, porque ella se posa con tiranía, pero no sin que nosotros exprimamos algo de su encanto y quedemos embriagados. Una demagogia para el corazón-masa. Pero el párasito de la angustia acampa, huésped punzante, y va desarticulando cada inmunidad, pero además es como yo decía: reseca todo, si se compara al tiempo que pasa con un suelo fértil, el parásito existencial es entonces la plaga que le chupa el humus y lo deja estéril.

Esta claro, entonces, que para mí la angustia es pura negatividad. Porque melancolía o nostalgia se siente por algo que se perdió pero alguna vez se tuvo. Y con la absurdidad, en todo caso, se juega, se filosofa, se toca una nada para luego ir alegremente flotando con el alivio de no cuajar en un horizonte. Pero con la angustia uno se siente un místico que anda arrastrándose, un pastor brasilero, un monótono profeta de lo mismo. ¡No puedo danzar por lo cotidiano, mis ojos son ciegos para cualquier sutileza, mi imaginación ya no ve duendes! Se ve, ¿eh? me obligo a escribir a veces como psicólogo, otras como filósofo de oficina, otras como intelectual. No atino a leer,o soy incapaz, en esta parálisis sensorial, de escribir cosas así:

"todavía no entiendo cuál es la diferencia entre una hoja seca y yo" (sabroso absurdo)
"¡bicho a la vista, oruga de mierda! ¡la vi, la vi, y te agarré boluda esperanza" (escepticismo juguetón)
"De noche y seguro que alada, pisando con tu risa los yuyos eternos" (enamoramiento)
"será la insurrecta piel soléandose y no más, ser hasta consumirse..." (juventud)
"hay una luna dentro del tiempo espeso escárbenlo" (no-razón pura, ja!)

Ah, con que nostalgia de prados libres de parasitismo... Y l´angoisse que se queda muda. Basta, ya fue.

Otra definición: "Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano" (Rayuela)

1 Comments:

At 6:58 AM, Anonymous Anonymous said...

Pero siempre se pasa y se vuelve a desvariar. Es como lo que esta entre un momento y otro, solo para hacer lucir más larga a la corta vida.

 

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