Thursday, June 14, 2007

sinsentido común

Es llamativo ver cómo tantos disparates son justificados en nombre del sentido común, ese fetiche grisáceo, a la vez facilón y sacrosanto. Así, entonces, cuando se pregunta qué es la realidad (pregunta inevitable, nacida de un animal tan hambriento como serio) valdría más callarse la boca o tildar de boludo olímpico al que pregunta. Ambas respuestas son nobles. Pero de ahí a responder, con total impudicia, que la realidad es esto - este subte o esta botella de birra -, es tan obstinado como quien, por ejemplo, se pone a alabar al Diablo, sin reparar en que esa actitud a la vez afirma a Dios. En efecto, esa cosa marrón es una mesa, pero para vos. Tu canario o un extraterrestre seguramente percibirían otra cosa. Nacimos con un puñado de sentidos y andamos a tientas por una realidad que agarramos de a sorbos.

Supóngase una humanidad sin orejas. De repente, a uno de sus filósofos (y que no extrañe, la sordera suele incrementar los ímpetus filosóficos de muchos) se le ocurre postular la existencia de unas ondas que son emitidas por ese pico de ese loro y que, de estar los hombres provistos de un sentido más, podrían entrar al cerebro y presentar al alma una impresión novedosa. Claramente este filósofo sería tildado de loco, de decir (o fumar) no sé qué verdura, apelando al siempre encerado sentido común. No obstante, ahora se me objetará que todo muy lindo, pero que es inútil ponerse a postular otros sentidos para nosotros, los humanos de veras, porque nunca los podríamos imaginar. Ahora bien: esa humanidad sorda, acaso, ¿podría imaginarse tal cosa como un sonido? ¿habría algo que le hubiera parecido más absurdo?

Del mismo modo el falso antropocentrismo también se cae cuando hablamos de los sentidos que sí conocemos. Aún sin postular otros nuevos, nuestra realidad tambalea. De hecho, esa felpa, para vos tan suavecita, en la percepción de una pulga ha de ser una cordillera: terreno escarpado y lleno de cráteres. El microscopio y el telescopio nos muestran en qué océano de imprecisiones deambulamos: no hay un arriba ni un abajo, los costados son quiméricos; la postulación de un límite es una de esas bajezas que no tienen perdón.

Tan absortos como aquella humanidad sorda, andamos por la vida con 5 sentidos hijos de contingencia, que bien podrían haber sido 6, 14 o 312.452; hubieran ampliado - de a puchitos - este teatro de fantasmas que aceptamos cada día.

1 Comments:

At 3:05 AM, Blogger lucas said...

alo alo..
no se si se acordará de mí señor..
(narigondelsiglo89@hotmail.com)
me hice un blog hace unos días y no tuve peor forma de empezarlo que terminando una relación de casi un año con mi novia :(.
asi que acá estoy, navegando de vuelta por este mar, mar cerebral.
sobre el texto, supongo que te acordarás lo que opinaba (y opino) de como escribis, así que bueno, simplemente paso a dejar un saludo reconciliador (?)
un abrazo che!

Lucas.

 

Post a Comment

<< Home