Wednesday, June 20, 2007

el árbol no es verde, el árbol verdea

no, no pienses, vas mal, no vistas con tus rótulos lo que es tan plural, tan desconcentrado; más bien hundite ahí, en la voz de ángel que acompaña todas las armonías, todas las fases de la luna y todos los ciclos de los peces. Es tan descorazonador que estés por llegar, justo ahí, a lo visceral, a la parte más fructífera (justamente por ser plena)... y que te tires hacia el concepto distante, receloso, enfermizo, amarrete, heladera. Simplemente, un desperdicio de huesos y carnes vívidas. Digo, ya que estamos desperdigados como almitas como fuegos insospechados, ¿por qué no desbaratar un poco la gran careta, la comunión de las mezquindades?

es así... un fluir incontinente, no es para nada dejadez o inmadurez... no es que sea un analfabeto a la hora de hablar del espíritu y caiga en delirios facilongos. No, es que me llama ese fluir, parapetado estoy a seguir su lógica, a transcribir su idea... como una música incisiva, de altos y bajos si se quiere. Ojo que igual estás escribiendo, siempre pasando por los medios y los símbolos y los tenedores y los cuchillos vos. Nunca ese zambullirse íntegro en el barro, para qué si los guantes son tan elegantes y decentes. Ah, usar palabras es como ese biombo que interponemos entre nosotros los absortos, y ese qué sé yo. No, convencido estoy, tirá a la mierda el resto de tus días si los vas a gastar en pulcritudes y abstinencias. Sé más planta, más cerdo que un hipopótamo y de a poco montate en una cosa más austera, más acorde a las formas de los ríos subterráneos. ¿Por qué esa afición por los costos y los beneficios? ¿por qué esa exigencia de límites y personalidad? Si es necesario, pasate un día entero, embobado, repitiendo una misma palabra, sé el niño más tosudo y despreocupado, ése que es feliz con una cuchara sopera.

A veces simplemente no hay un mensaje, sino tracciones incontenibles que aquí van, que no empiezan a ser que ya pasean su hidalguía por los renglones atónitos. Y Y Y Y. A A A. Repito. Así es un éxtasis, así una religión nueva. El espíritu es débil, se sabe diminuto y casual. Se sabe accidente, error, pecado inefable. Va hacia la santidad, hacia el paraíso, pero de repente cae en la cuenta del gran verso y se sincera. Y empieza con su cantinela, con su verdad más fundante. ¡¡Ten, ten aquí mi más grito! Y ya no soy más que una estrella consumida, que va desvaneciéndose como esta música que zapatea mis poros, aguantadora de discordias internas. Hasta aquí: un algo se frenó.

O no, o es que es eterno y sigiloso? Pero ha de irse, la luz por decreto debe replegarse. la noche, después de todo, nunca desaparece, sólo rearma su táctica y centellea de aquí para allá. De todos modos, todo no es lícito, hasta aquí el derroche de vino. el silencio, el traje más sobrio, aguarda, en las cosas más constantes: un desierto o un cajón.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home