¿Fue una sensación o un pensamiento? ¿Un pensamiento sentido, una sensación pensada? Habrá durado unos 15 minutos, aunque tal medida es convencional. En realidad, fue algún espesor de eso que llamamos "tiempo", pero que viene con una densidad sobrecargada. No importa mucho o, en definitiva, da lo mismo decir si fueron 15 minutos, 48 horas o una eternidad.
Las figuras llegaban en diferido, pero a la vez yo era quien las vivía; o al menos la tenían a mi mente como meta. Era como si el mundo de siempre se hubiera reducido a mis ideas. Ese mundo que suele serme tan visceral, carnal, interpelativo, demandante de acción y respuesta, de repente se me presentaba en una pintura absoluta, hecha de elementos frescos y distantes. (¿Frescos? Debería decir, con más propiedad, atérmicos). Pintura que podía continuarse más allá de mi campo visual pero eso yo no lo podía comprobar, por más alocadas vueltas que mi cabeza diese. Los sonidos, otrora sugestivos, ahora no eran más que huecas pelotas de tenis que ni siquiera picaban; sólo flotaban y a su sazón. Las figuras de la gente (porque, propiamente, no puedo decir "la gente") se me presentaban en un ir y venir incesante y sin sentido. La realidad no me demandaba nada; no precisaba de mí para seguir su curso normal. Sin necesidades, para mí eran inverosímiles (pero recién ahora lo razono) el hambre, el deseo, el frío, la compasión, la corrupción de los segundos, la muerte. En suma, nada que pudiera provenir del afuera (ahora, idealizado al colmo) podia generar en mí más que una mueca de ironía. Era como ver una película, sí, pero a la vez no, porque esa película no podía venir de un autor ajeno a mí - sentado en una sillita o en una nube -, o al menos eso no lo hubiera podido verificar. (De más está aclarar que tampoco sentía la avidez de saberlo). La película debía de ser proyectada por mí mismo. Espectador y autor a la vez, estos dos oficios se iban alternando en mi conciencia según las observaciones que iba haciendo. Las copas de los árboles parecían ser cinceladas por mi retina, aunque ese cuerpo vetusto que de repente estaba sentado al lado de mi propio cuerpo ¡no podía ser obra mía! (Pero ese verde... allá arriba, aplicado a un negro cósmico, dando una imagen de pantano boca arriba...)
¿Sueño, tal vez? Pero no, en un sueño no abunda la conciencia, uno sigue siendo el mismo estúpido y encarnado protagonista que es durante la vigilia, de ahí la confusión entre los dos estados. Así es como de un sueño salimos mal o bien, aterrorizados, exhaltados o chochos de la vida; nos afecta. Acá yo era conciente de mi abstracción, era más yo que nunca; por eso no podía tratarse de un sueño como bien puede serlo un gigante baboso que me persigue o un día de trabajo igual al anterior. Los griegos - y Husserl, más acá en la historia - hablaban de "epogé", de suspensión del juicio; es decir, un estado en que el hombre no sabe o no quiere pronunciarse acerca de la verdad de nada. Ese es el concepto más parecido que encuentro, pero sólo lo uso como hilo directivo, como cosa externa que parece darme una pauta de comprensión.

1 Comments:
¡Opa! Uno pasa por acá y se encuentra con todo esto y con tan poco tiempo para leer. A mí me rodea una delgada capa de ciencia ahora. Creo que en un momento casi me asfixio, hasta que encontré un agujerito para respirar. Así que vuelvo a las andanzas con esta porquería: www.myspace.com/rep-t No hay mucho por ahora, pero existe una mínima intención.
Por cierto, éste tercer texto (de arriba para abajo) es el que más me agrado de los tres últimos. Me reservo los comentarios y el resto de las lecturas para otro día.
Un gusto pasar de nuevo.
Saludos.
Post a Comment
<< Home