Friday, October 05, 2007

miércoles al mediodía
Yo tengo un lugar, pero el sólo acto de nombrarlo, lo anula. Tengo un lugar que es mío, pero precisamente porque es mío no puede ser de nadie más. Lo que es de uno, si se comparte, pasa a ser también de otros y deja de ser de uno. Es un lugar al que recurro a veces: me retrotraigo a su imagen o recuerdo cuando algo externo perfora mi sensación. Ese lugar existió, tal vez; pero ahora ha pasado a lo imaginario, eso que forma la modesta eternidad de un hombre vivo. Lo que fue en los hechos, poco importa. Lo incisivo es que lo tengo y siempre es mío. No llevaría a nadie a ese lugar ni tampoco podría relatárselo a nadie. Al menos si quiero ser preciso. La descripción es sacrílega; apenas me animo a este tanteo alusivo y ambiguo. Tal es mi devoción por ese lugar: jamás podría tener el valor de llevarlo a la práctica o pisarlo con mis pies.
jueves a la tarde
Releo esa descripción de ayer, que habla sobre un sitio que parece ser puro y que, aparentemente, sólo vive en mí. Me concentro, disecciono cada oración y la tomo como un ser autónomo, pero es en vano: nada reconozco o concibo; en esas líneas, mi yo más íntimo ha sido dicho por otro. Cada palabra apunta a un vacío: no logra formar en mi mente un sentido. Es probable que esas anotaciones hayan soñado, como denuncian, con un lugar así. Ahora, esos símbolos me parecen ¡tan lejanos! que un esfuerzo por entenderlos me resultaría sobrehumano.

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