Monday, December 03, 2007

Pensar el irracionalismo

Desde un plano meramente especulativo, el pensamiento irracionalista aparece como la perspectiva más austera y coherente consigo misma. Analicemos el caso de la destrucción del sujeto racional. Aquí es desmitificada la pretensión de un sujeto conocedor de sí mismo, dueño de sí mismo (a grandes rasgos, era ésta la línea de Sócrates o Descartes). Ahora, la conciencia no es más que un flujo de dispersas vivencias que nunca logran ser gobernadas de manera absoluta. A lo largo de un tiempo, un hombre carece de la identidad que sí tiene una mesa consigo misma. La unidad del yo, en todo caso, obedece a una imposición moral o social. El yo es funcional a una convivencia estructurada que premia y castiga. Aplicada esta observación, queda el hombre disminuido en sus pretensiones y privado de la libertad de su razón, para ser fervorosamente arrojado a la implacabilidad del devenir. Fresca y ambiciosa zambullida en el río del placer y el dolor. Para quien deteste en serio a la razón, el hombre no es más que un torbellino de pasiones tan fatales como inocentes. (¡Y cuán atinada cae esta novedad al meditador!). Adios al libre albedrío que nos habría dado algún dios o la supuesta conciencia impoluta... sin embargo, pregona el antirracionalismo, un giro de este calibre coloca al hombre en una libertad más plena, de una vez por todas a la par de la naturaleza, afín a los impulsos más terrestres y genuinos; ya no más una oveja o un burgués, sino un superhombre que acepta con alegría la fatalidad de la vida y la muerte, la muerte y la vida, la vida y la muerte; bailando, con liviandad y borrachera, al compás de este movimiento eterno.

Todo esto suena lindo, cuando no sensato: de hecho, la experiencia nos revela lo lejos que estamos del dictum socrático "conócete a ti mismo" o de la soberanía sobre nuestros deseos más miserables. Sin embargo, al margen de la incisiva y despiadada lucidez con que se destruye al sujeto-rey, el irracionalismo desdeñaría, en su cruzada teórica, la importancia de la cuestión práctica que hay detrás de toda decisión especulativa. Nunca un pensamiento es ajeno a la manera cómo se vive en la cotidianidad; nunca se elude una posición ética. Sucede que, escapando de la cárcel de la razón, creyendo en un sujeto ausente de sí mismo y por ende más fuerte y de vigorosa creación, nuevas molestias emergen para el pensador insatisfecho; astillas que, impunes, no se dejan pulir con ningún panfleto. Descuido de una intuición filosófica tan brillante como necesaria a la historia de la filosofía, pero tal vez imperfecta. Sucede lo siguiente: acorralada la subjetividad, ¿cómo se podría, entonces, hablar de responsabilidad y culpabilidad, cuando se ha quitado todo criterio racional que gobierne en la realidad? Demoliendo la causa y el efecto y, por ende, la acción humana y la conciencia de esa acción, ¿cómo justificar que no se vale todo en este mundo? La lógica del irracionalismo llevaría a una brutal y refulgente aceptación de todo lo que hay en la sangre de un hombre. Todo lo que hay, claro: aún sus locuras más desfachatadas.

Pensar en la ética es no renunciar a la libertad del hombre en tanto ser pensante y con capacidad de decisión. En este sentido, una filosofía que revalorice la subjetividad racional asomaría como más preocupada por este compartimento esencial del pensamiento. El ímpetu irracionalista olvidaría que, en última instancia, algún detalle nos sigue distanciando del ave de carroña o la serpiente. Si nos nivelamos con la naturaleza, la conclusión es que todo está bien; más precisamente: que todo está más allá del bien y el mal. (Por eso es que no es lícito decir que el tiburón sea malo, porque es un hecho sin conciencia, natural). Sin embargo, ¿cabe aplicar, sin más, el calificativo de "natural" a toda empresa humana, sin distinción alguna? Ateniéndonos a la práctica, no sería cosa deseable valorar del mismo modo a un artista que a un dictador; hombres que, superficialmente, de hecho obedecen a sus respectivos impulsos más viscerales, pero que, por otro lado, parecerían estar usando la razón de distinto modo.

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