Dos sombreros
Un hombrecito próspero y dichoso asiste a una misa; se llora, allí, la muerte de un pariente lejano suyo. El hombre lleva un sombrero gris y se sienta en un banco cerca del fondo. La muerte de su pariente lo afecta muy poco, pero por respeto se saca su sombrero y guarda silencio. De repente, un pensamiento nuevo y aterrador lo acosa. El pensamiento es más bien una náusea, pero se lo puede describir así: amamos nuestra vida, luchamos porque cada tarde sea radiante, nos aferramos a amistades y nos complacemos del amor infinito de nuestra mamá; pasamos noches estudiando, las mañanas las trabajamos duro, nos acordamos con tanta nostalgia y placer de algún amor adolescente que nos llena aún hoy el alma de vigor; descubrimos el arte, hacemos llantos y explotamos de risa; llegado un momento, hacemos resumen y todo se cubre de un amarillo de álbum, y es todo tan dulce que cuesta un horror darse cuenta de que, en términos objetivos, todo eso algún día se irá, por lo que nada vale nada. Se irá es un decir, porque en realidad se lo tragará la tierra. Porque en realidad, intuyó el del sombrero, toda nuestra gloria se aferra, cada segundo, a ese pegajoso, frágil y modesto aparatito que llamamos corazón. Y hasta una hoja seca gozaría de mayor consistencia si tuviera la suerte de esconderse en nuestro esqueleto. Todo es como es: se irá el hombrecito y se irán las enseñanzas que deje a su hijo, y con ellas se irá también el hijo. Se irá el arte y todo será polvo, porque el tiempo no tiene disco rígido. El hombrecito de sombrero gris piensa todo esto, piensa que todo es hermoso pero que nada tiene una razón, y eso hace que, de golpe, sienta ganas de patalear e insultar. Pero, como no cree en Dios, no sabe a quién.
Detrás de él se ha sentado otro hombrecito, pero triste y sombrío. También lleva sombrero, aunque decide dejárselo puesto. Y también está analizando el mismo pensamiento, aunque a él se le ocurre todos los días, o hace que se le ocurra, porque a él lo alivia. Para él es, quizá, la única razón por la que está vivo.
